Viernes, 10 de Diciembre de 2010 por monstresdecameva
La última secuencia de animación del documental es una historia real: la de Ll., una niña (ya adulta) que sufrió abusos por parte de alguien muy cercano. Cuando empezamos el rodaje del documental, ella nos escribió este texto, para que a través de sus palabras pudiéramos elaborar la animación. Muchos de vosotros nos habéis comentado lo mucho que os impresiona esta secuencia. Seguro que os impresiona también el texto que Ll. nos escribió en su día. Es este:
A la niña de mis ojos, a la mujer de mi vida
Una niña rubia, con coletas cortas y raya al lado, está jugando con unos juguetes en el suelo. Hoy se ha puesto falda. De repente le falta el aire y siente una opresión en la boca del estómago y en la garganta, se encoge. Todo se vuelve oscuro, negro aterrador, pierde la noción del tiempo y del lugar. Ha entrado en el túnel. Hay alguien que la observa. Es él. No sabe qué hace él allí, cómo ha llegado, cuánto tiempo hace. ¿Cómo ha llegado a esta situación? Apenas ve su silueta en la negra espesura a unos pocos metros de ella. Brazos largos y anchos, gruesas manos, le llegan casi a las rodillas, piernas cortas, pantalones y zapatillas de esparto blancas. Ve una serpiente que sube la pared de enfrente, siente escalofríos y le invade la aprensión. Siente la invasión. No quiere mirarla. Oye junto a su oído derecho la lengua viperina de la serpiente, con voz melodiosa, suave, que le habla y la endulza con palabras que ella no entiende, y la petrifica. Esa voz la hiela, se mete en su cabeza, la aleja de allí, se aísla. Siente el miedo en todo su cuerpo (tiembla, tiene convulsiones), tanto miedo que no quiere estar allí. Se orina encima. Se siente morir. Quiere alejarse, irse muy lejos, no sentir, quiere desaparecer, quiere pegarse a la pared, de pie, que se la trague dentro de ella, o tirarse al suelo y meterse bajo las baldosas. O quizás esconderse bajo los almohadones del sofá. Pero no está el sofá, no están los juguetes, no hay nada, sólo ella, y las paredes vacías llenas de moho, se huele ese ambiente enrarecido. Quiere suplicar, no puede, se siente paralizada. No hay salida. Se ahoga, siente una presión fuerte sobre la garganta, que la está asfixiando para que no grite, para que no diga nada, lleva unas tiritas en cruz sobre la boca para que nadie pueda oírla. Sólo hay el silencio, ese silencio que la acompaña día tras día, que la hace cómplice de él. Sola está ella, y su tristeza, no hay nadie que la pueda sacar de allí. ¡Impotencia! Y siente la vergüenza, baja los ojos llenos de lágrimas, que bañan sus mofletes, y la culpa cae sobre ella como un peso muerto, insoportable, la culpa del que calla y otorga.
Siente un No dentro de ella, pero tiene tanto miedo, no se atreve. Pero se ahoga, la aprieta demasiado la garganta, no puede respirar, él aún sigue allí, a unos metros de ella, no se ha acercado aún. Tiene que hacerlo ahora, con fuerza. Se aguanta la garganta, no puede aguantar más la opresión, se quita la cinta de la boca y con los ojos cerrados, con todo su ímpetu y con la mandíbula desencajada y el cuerpo hacia delante, grita NOOOOOOO!!! No pasa nada, pero sabe que puede hacerlo otra vez y con más impulso todavía, abre los brazos y piernas y se planta firme sobre el suelo, puños cerrados y vuelve el grito, ahora! NOOOOOOOO!!! Todo su cuerpo hacia adelante propulsado por su boca es una diagonal, parece que se crece y por sus labios prominentes expulsa tanto aire que el pelo largo y bigotes de él se van hacia atrás impulsados por su furia. Puede hacerlo más, otra vez, mejor, y ahora! NOOOOOOO!!! La figura de enfrente empieza a tambalearse, inseguro, no sabe que hacer, mira para un lado y para otro, pero ella no le da tregua, se siente más grande, y otra vez más fuerte todavía, quizás sea su última oportunidad, grita ahora! NOOOOOOOOOOOO!!!! Ella abre los ojos llorosos y una pequeña sonrisa se dibuja en su boca y el asombro en sus ojos, al tiempo que ve como él retrocede miedoso y encogido sobre sus pasos hacia atrás, con la culpa dibujada en sus ojos y en su cara, su cuerpo convulsionado tambaleándose, jadeante, alejándose de ella, saliendo de la habitación, saliendo de su vida, liberándose ella del peso. El infierno se ha ido. Se ha acabado. Alegría y tristeza. Se siente más ligera, experimenta alegría, el espacio, la vida, y siente crecer, la niña se convierte en mujer. Sale el Sol en el horizonte, y sus rayos le dan una cálida bienvenida. Un arco iris aparece, que baña de color todo lo que le rodea, y de vida. Escucha música (una canción de los Smith) y se pone a bailar, y baila como nunca ha bailado, como cuando nadie te observa. Aparece un espejo grande, se mira de cuerpo entero, y cuanto más se mira, va observando como desaparecen de su reflejo los granos, las facciones duras y tristes, los ojos y labios caídos, las imperfecciones y deformidades de su cuerpo, y aparece delante de ella la imagen bonita de una mujer con toda su fuerza y valor. ¡Y se reconoce al fin!
A lo lejos por una ventana ve gente, alegre, le apetece ir, ya no le da miedo, siente confianza. Cierra de un portazo la puerta, la del pasado, la mujer no mira hacia atrás, sino que gira adelante, sonríe gozosa, y toma el camino que le lleva hacia adelante, hacia los rayos de Sol, hacia la luz, hacia la vida. ¡Para adelante, sigue y sigue! El asombro en sus ojos, del que lo vive o ve todo por primera vez. Camina fuerte, paso firme en cada avance, segura, siente la dicha del que está vivo, y en cada paso que da, se crece. A veces el camino es muy duro, con piedras, pendientes, y fuertes descensos. Pero ella sigue, aunque caiga en el desánimo y el agotamiento, hacia la luz. La gente la observa, contenta, con ganas de ir a su encuentro. Y ella también. Permite ella que se crucen sus caminos, permite el encuentro y lo celebra, y lo disfruta como nunca. Pero ella decide ahora, y pone los límites. Algunos no entienden. No importa. Ella sabe lo que realmente es importante. Ahora ella elige, ya sabe decir No. Por vez primera experimenta la fluidez y el sosiego en el encuentro. Todo es más fácil. ¡Y se asombra de la magia de la vida! La satisfacción la invade. Siente paz, sosiego, y felicidad. Sigue en el camino hacia la luz, la que le calienta el corazón sensible, la que le llena de amor y vida. Y grita saltando: ¡Lo conseguí!
Ll. P.