Exposición en Pollença

Viernes, 16 de Septiembre de 2011 por monstresdecameva

Del 17 de septiembre al 14 de octubre, la exposición de dibujos realizados por niños maltratados “Els monstres de ca meva” se podrá ver en la sala de exposiciones del centro cultural Guillem Cifre de Colonya de Pollença (calle Guillem Cifre de Colonya, 33), en horario de lunes a viernes de 9 a 21 horas, y sábado de 9 a 13 horas.

El maltrato físico y el emocional, el abuso sexual y la negligencia familiar son el tema central de la exposición. La muestra está formada por 18 escalofriantes dibujos, realizados por niños y adolescentes de Baleares, de entre 5 y 15 años, que en algún momento de su vida han sufrido desprotección. Muchas veces no son imágenes fáciles de entender, y por eso van acompañadas de una explicación de la circunstancia personal del niño y del dibujo que ha realizado.

La muestra surgió a raíz del documental, y se inauguró por primera vez hace un año, en la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma, dentro de unas jornadas de desprotección infantil que llevaron a la ciudad a algunos de los principales expertos en el tema. Los dibujos han sido cedidos por el Servei d’Infància i Família del Institut Mallorquí d’Afers Socials, por el Instituto de Medicina Legal de Baleares y los chicos y chicas de la Unidad de Tratamiento del Govern de les Illes Balears.

La muestra itinerará por tres pueblos de Mallorca (entre ellos Pollença y Felanitx), dentro del programa Cultura en Xarxa del Consell de Mallorca. Este programa consiste en una activa red de oferta cultural por toda la isla, que pone a disposición de los ayuntamientos exposiciones, música, artes visuales, literatura, etc.

Además de la exposición, en octubre tendrá lugar en el mismo centro cultural de Pollença la proyección del documental y una charla sobre la acogida familiar. En breve os informaremos de la fecha.

El espejismo del olvido

Lunes, 11 de Julio de 2011 por monstresdecameva

Apenas unas horas hace que un abogado, en ejercicio de acusación particular tal es defensa de la víctima, dijera que su cliente nunca ha tenido problemas en el colegio. En el presente curso y tras sufrir el abuso no ha podido aprobar ni una asignatura.
Ahora es una niña que no se atreve a salir de casa y tiene que ser asistida por unos psicólogos que la están ayudando a olvidar.

A una niña o niño así, en parecidos momentos, se trata de esgrimir. En medio de las jurídicas miradas se le está insistiendo para que hable. Una voz se alza: “Tú no te preocupes que, cuando salgas por esa puerta, no te vas a acordar de nada”.

Sucede y mi oficio en la Justicia me permite dar fe de ello.

Lo candoroso, y al mismo tiempo grotesco, es que la Justicia en esto va a la par de la sociedad. Lo que sucede en La Sala es un reflejo de los anhelos y temores que corren entre todos nosotros.

Se deposita la confianza en el olvido. De los niñas y niños abusados requerimos que olviden. ¿Que olviden o que finjan olvidar?

El olvido y la ocultación son proyectiles del mismo calibre; cara y cruz de la misma moneda; mismo guión en distinto escenario.

Necesitamos que la vida de ese ser, y por ende la nuestra, vuelva a ser la misma. Queremos reconfortar – reconfortarnos con el mundo. Puede que sea un noble fin, al menos es humanamente comprensible.

Lo malo es que para satisfacer tal empeño se recurre a la ficción. Doble ficción: dentro de esa persona y dentro de nosotros.

Lo bueno es que él o ella no es portador de tamaña ingenuidad.

No quisiera perder mi pasado, aunque sea tal parte de mi pasado, y menos hacerlo al dictado. “¡Tú lo que tienes que hacer es olvidar!”.

El recuerdo, cual ampolla inexpugnable, asoma su latido por los entresijos del pensamiento. Nos atrapa. Nos convierte en los niños que fuimos. Nos estrella contra la vida que nos fue negada.

Aunque no supurase y permaneciese como metralla enquistada, no por ocultación dejaría de estar aquí.

Las mentes bienpensantes, las voces biensonantes y los rostros biensemblantes se dan a sí mismos el visto bueno. Creen haber cumplido su magnánimo cometido; su generosa dádiva.

Sin embargo, son los primeros reos del “Aquí no ha pasado nada”. El dictado del silencio y las miradas esquivas.

El recurso al olvido es tan fácil como estéril.

Si vas a repartir agua bendita no te abastezcas de la fuente más cercana.

Haber sido abusado no es sinónimo de necedad.

Padres, profesores, médicos vecinos dan por sentado que a poco tardar la noticia caerá en el silencio y que ese silencio será la voz del olvido.

Privar del derecho a ser pleno propietario del propio pasado es privar de una parte sustancial del derecho a la vida.

Acabada la audiencia judicial, me acerqué al abogado para decirle que no se trata de ayudar a olvidar. Si de algo se trata es, precisamente, de ayudar a recordar. Recordar con dignidad.

Enrique Pérez Guerra
Ibiza, 8 – Julio – 2011.

El laberinto de Laura

Jueves, 7 de Julio de 2011 por monstresdecameva

“No puedo olvidar, viendo a un niño que es sangre de mi sangre, tan parecido a mí en muchas cosas, lo que es estar realmente atrapado. No sentirse atrapado, o creer que uno está atrapado, sino estar atrapado, sin salida, sin capacidad de decisión. Los ojos de ese niño en el que tal vez me he reencarnado, o a quien he legado una parte de mis dudas, y también una parte de mis gustos y una parte de mi piel sensible, tienen la tristeza que sólo la infancia te proporciona. No hay nada comparable a los ojos de un niño que ya no lo es, que quizás no lo fue nunca, porque ha visto y sabe demasiado del mundo. Los ojos de este chaval, que debería estar de risas con amigos, de borracheras quizás, mirando a la chica o al chico que le pone cachondo, viven en una rueda de desespero y resignación que me retuerce las entrañas de tristeza. Él sí vive a las órdenes únicas e irremediables de sus progenitores, que deciden por él, y entre sus límites, estrechos y distorsionados como un autorretrato de Dalí, sobrevive. Su madre, quién sabe si pobrecita, si loca, si sufriente o sádica, está permanentemente enfadada, en perpétuo conflicto consigo misma y con los que la rodean. Desgraciadamente, sólo éste niño la rodea siempre, y en él descarga cada miligramo de frustración, de amargura, de rabia hacia sí misma y hacia su inmovilidad. En él, que es sus piernas y brazos muchas veces, su cerebro y conciencia, tantas otras, descarga odio, veneno, impotencia, insultos, locura y humillación. Así arrastra él la tristeza especial de los que nacieron en un extrañísimo laberinto, del cual no conocen el camino de salida ni de entrada, para transitar por el cual no tienen instrucciones, pero sí saben, como si lo hubieran marcado a fuego en su piel, que en ese laberinto deben moverse.

Yo he sido ese niño, yo fui esa niñita frágil, de pelo lacio y muy dorado, de ojos grandes plenos de esa tristeza infinita que tantísimos millones de niños conocen y poseen, a la cual soltaron recién llegada en el laberinto, con un minotauro fiero y enorme, imprevisible y echando odio por los belfos. Aprendí, como este niño que tanto me hace sufrir, a saber que ahí estaba atrapada, que sólo aquellas personas mayores tenían poder de decisión, y habían decidido que debía seguir ahí, quién sabe cuanto tiempo. Como cualquier niño-basura hace, me hice con las medidas del laberinto, aprendí a conocer de memoria sus paredes, sus recovecos, sus caminos llenos de grava. Nunca supe dónde estaba la salida, ni la entrada, pero aprendí a reconocer cada cambio en la mirada del feroz minotauro, aprendí a soportar sus torturas sin pensar en ellas, rebajando al mínimo mi ser, mi yo. Sólo sufría ilimitadamente cuando el minotauro la emprendía con mi única compañera dotada de vida de aquellos largos días, la perra de la casa, una teckel sin pelo, tal vez a causa de tanto padecimiento. El sufrimiento ajeno a manos de aquella loca me revolvía las entrañas, me hacía rebelarme, me obligaba a sentir plenamente mi pequeñez, mi impotencia, mi cárcel. La misma cárcel que ahora padece ese niño, sangre de mi sangre, de manos de su propia madre, algo aún más complicado e imposible de desentrañar. Y yo, como adulta, sigo siendo tan impotente como la niña aquella de ojos muy grandes y pelo dorado, que se abrazaba a un cojín y lo mordía cada vez que Gretel iba a parar a la terraza, a sufrir rigores invernales, sed y hambre. Ahora es mi propio sobrino al que dan de patadas, patadas figurativas, patadas al alma, no como las mías, pero patadas al fin y al cabo. Le veo en su laberinto tan perdido como lo estaba yo, conociéndolo de cabo a rabo pero sin poder salir de él, realmente atrapado en la cárcel de la culpabilidad, de la tristeza infinita, de la partida de cartas que te dan cuando llegas aquí, al mundo.

Y viéndole a él, escuchando su huracán interior, tengo que comprender que ya no soy esa niñita. Esa niñita a la que nadie dijo nunca “Mi niña”, ya no existe hace tiempo, de hecho, como niña no existió jamás. Ahora soy una adulta, soy Laura, que no es mucho decir, pero es todo lo que se puede decir de mí. Y como Laura, viendo a mi estimado sobrino al que no puedo ayudar – y eso me parte el corazón-, debo comprender realmente que yo no estoy atrapada, ya no. El laberinto acabó, salí de él a fuerza de valor, de silencio férreo y de muchos años de dar vueltas por él, sin descanso. Ya no estoy atrapada, porque en mi vida decido yo, sin depender ya nunca más de aquellos seres que me rodeaban y desde arriba me miraban desesperar. Ahora busco a los minotauros, los enfrento, y los mato. ”

Laura

En defensa de las víctimas de Can Picafort

Lunes, 25 de Abril de 2011 por monstresdecameva

Texto de Enrique Pérez Guerra, al hilo del caso del presunto sacerdote pederasta de Can Picafort.

Tuve ocasión de hacerlo y lo hice.
Contribuí, en la medida de mis posibilidades, a sacar a la luz el caso del párroco abusador de Can Picafort.

El pasado viernes, 25-3-2011, la primera página de la prensa sorprendía con este titular: “El Obispado de Mallorca adoptó ayer una medida extraordinaria, Apartar de sus oficios pastorales y prohibir el ejercicio público de su ministerio” al rector de la parroquia de Can Picafort –que también ejerce como vicario de Pollença–, mosén Pere Barceló Rigo”.

En los días que han transcurrido desde entonces la polémica viene acompañando la noticia. Distintas voces se han alzando y no todas en auxilio de las víctimas. Las hay que indignadas rompen el silencio en pro del que ha sido párroco en el norte de Mallorca.

Ese mismo día, 25-3-2011, fui entrevistado para TeleMallorca. Una de las preguntas recuerdo que vino a ser: qué anhelo yo, como persona abusada que fui cuando era niño. Respondí que no persigo la venganza sino la verdad.

El lastre que pesa sobre la verdad es que no sólo pasa por la voz de quien conoce. También ha de estar presente en el oído del que ignora.

Difícil, más bien tortuoso, es romper el silencio. Bien lo sé. Cuando así se hace, personas, algunas que menos esperas, saltan al paso convertidas en cómplices de la iniquidad.

No se quiere oír y para escamotear la realidad se interpreta ésta en clave de depravación hacia la supuesta víctima.

Trabajo como educador social para la justicia de menores. Recuerdo dos casos, acaecidos en pueblos de esta isla, en los que esa respuesta de desprecio alcanzó el grado de linchamiento colectivo.

“Es que, claro… la niña era una calientapollas”. “Ya se sabía que en casa de ese chico hubo algo de drogas”. Frases así corrían por las calles, en uno y otro caso, so pretexto de eximir de toda culpa a los agresores sexuales.

Una, con sus padres, se tuvo que marchar del pueblo y los otros se cambian de acera antes de cruzarse con la familia del culpable. Esto, por supuesto, con el visto bueno de quienes se reconfortan al comprobar que el honor de sus buenas gentes no ha quedado mancillado.

Personalmente, el conocimiento directo de esos episodios me sirvió para tomar conciencia de que la hipocresía y la crueldad colectivas, de la mano una de otra, pueden superar las cotas de lo imaginable.

No conozco en persona a las mujeres que, siendo niñas, cayeron en las redes de Pere B.R. A pesar lo cual, como educador, como víctima sexual de un religioso y como voz que huye del silencio, proclamo que estoy a su lado.

No sé si la verdad nos hará libres, como rezan Las Escrituras. Sí sé que la verdad tiene muchos enemigos cerca de nosotros.

Enrique Pérez Guerra.
Palma de Mallorca, a 17 – Abril – 2011.

Destituido el párroco de Can Picafort por presuntos abusos

Viernes, 25 de Marzo de 2011 por monstresdecameva

El Obispado de Mallorca ha decidido destituir a Pere Barceló, párroco de Can Picafort, por presuntos abusos sexuales a menores. Hace unos meses, el reportaje “Els monstres de casa meva” (una versión de 30 minutos del documental “Els monstres de ca meva”), emitido en TV3, mostraba el testimonio de Mateu Ferrer, un catequista que en 1998 vio a Pere Barceló abusando presuntamente de una niña de 10 años en la casa parroquial. Mateu denunció los hechos y recibió presiones de la Iglesia, reprobándole que rompiera el silencio. Finalmente la denuncia fue archivada. Cinco meses después de esa emisión, el Obispado ha decidido suspender al párroco de sus funciones. Aseguran estar llevando a cabo una investigación para averiguar toda la verdad. Según informaciones recabadas por Mateu Ferrer, hay más niñas afectadas e, incluso, el párroco podría haber cometido los mismos abusos contra otras niñas en Burundi. De momento, no se sabe si el Obispado pondrá el caso en manos de la Justicia civil.

Queremos dar la gracias a Mateu Ferrer y a Enrique Pérez Guerra por su valentía al contar esta historia en el documental.

Os dejamos aquí unos links, para que volváis a ver el reportaje de 30 minutos y para que ampliéis la información.

El “30 minuts”

Noticias en prensa:
Diario de Mallorca

El país

La Profecía Negra

Martes, 1 de Febrero de 2011 por monstresdecameva

Aquí os dejamos un nuevo relato de Enrique Pérez Guerra, basado en su experiencia de abuso.

“Ya era de noche. La luz del dormitorio apagada. Cada cual en su cama. Dibujaba yo con la mirada estelas de penumbra en el techo.

No sé que camino de la palabra llevó a mi hermano mayor a revelarme en aquellos momentos que había unos hombres muy malos en el mundo que cogen a los niños, les tocan por todas partes y, disfrutando, hacen con ellos lo que quieren.

El descubrimiento era una advertencia y para hacerla eficaz él la sellaba con el tono más tenebroso de que era capaz.

Ignoraba mi hermano que yo ya había pasado por los ojos y las manos de un hombre de esos. Era por esto que escuchaba atento mientras trasladaba palabra tras palabra hasta mi recuerdo.

El silencio era cuanta respuesta tenía.

Tal vez fuera por mi silencio que, para despertar mayor alerta, continuó hablando. Me dijo a renglón seguido que el niño que fuese sometido por un hombre así estaría abocado, inexorablemente, a ser como él… a repetir su monstruosa vida.

Al abrigo de la oscuridad oculté mi inquietud. Lo último que deseaba en el mundo era hacerme mayor para capturar niños, como yo había sido capturado.
A la búsqueda de un atisbo de esperanza rompí el silencio. Como si no fuera conmigo pregunté: “¿Qué puede hacer un chico al que le han hecho esas cosas?”.

La respuesta no fue muy prometedora, bien me acuerdo: “Lo mejor que le puede pasar es morirse”.

Menos mal que la vida no me ha brindado tal solución. Tengo cincuenta y cuatro años. Tenía entonces trece.

¡Por cierto!… hasta el momento no se ha repetido la historia.

La semana pasada escuchaba la crónica de un escándalo de pedofilia recién sacado a la luz. Como la violencia de género, parece haberse convertido en un tema recurrente en el periodismo.

Lo que me llamó la atención fue escuchar el término “corrupción de menores”. Hacía tiempo que no lo oía. Muchas veces por estar demasiado familiarizados con las denominaciones pasamos por alto su estricto sentido. Así ha tenido que transcurrir todo lo que llevo de vida para que caer en la cuenta de lo obvio.

Señalar al pederasta, véase adulto que abusa sexualmente de niños o niñas, como “corruptor de menores” es depositar el peso de la morbosidad, la putrefacción y el pecado sobre el plato inocente de la balanza. No se dice “adulto corrupto”, sino “corruptor”, señalando así que los niños con los cuales se ha satisfecho han quedado convertidos, o están abocados a convertirse, en personas corruptas.

Tras el negativo pronóstico de mi hermano y continuando con mi silencio, recibí muchos mensajes que daban por supuesta esta degradación.

“¿Soy ya un marica? y, si no lo soy todavía, ¿cuándo lo voy a ser?” –me interrogué muchas veces-.

Marica era la única palabra con que contábamos entonces para nombrar esa condición y de ella se sirvió mi mejor amigo. Fue mi primer y frustrado intento de revelación. Con pies de plomo, más bien de puntillas, empecé a relatar lo que me había pasado. Apenas había di el primer paso, se levanta de mi lado para increparme con “Oye, ¿tú no serás marica?… ¡Verdad!”. Los nueve años de silencio que siguieron no necesitan mayor explicación.

Los niños, como son ajenos al eufemismo, al guardar las formas, a los silencios de compromiso y al lenguaje políticamente correcto, nos hacen el favor de poner en evidencia el sentir colectivo.

Has sido abusado y eres varón: “¡Marica!”. Has sido abusada: “¡Puta!”. En el mundo adulto ya no se habla así, pero la misma atribución, a modo de incómoda sospecha, queda flotando en el aire. Como nadie quiere poner el cascabel al gato cubrimos el expediente de buena humanidad con un lamento difuso. “¡Pobrecita!”.

Eso cuando no sale a la luz nuestro rostro más sórdido. “También es que ella le venía provocando”.

Persiste una corriente de pensamiento subliminal, véase un sobreentendido que gravita sobre nuestro ser cultural, según el cual abusado es sinónimo de infecto.

Esa acusación subyace latente y, cuando menos te lo esperas, asoma su cabeza en las consultas psicológicas, en las cátedras, en los programas de prevención o en los informativos de la televisión.

Comenzada la audiencia judicial, es fácil que la cosmética se derrita dando paso la crueldad encarnada en sí misma.

La frase de reclamo para una película reza “Las mentiras de los adultos crían pequeños monstruos”.

Mentira adulta, sí. ¿Formo parte yo de un ejército de pequeños monstruos?.
Me llamaron de Antena 3. Hará un año. Un gran estudio, hora de alta audiencia.

Ya cuando entré ahí me di cuenta que no era el mejor de los escenarios posibles y antes de pasar a antena sabía que nadie conocía la significación del abuso y menos mis avatares dentro de él o mi experiencia profesional. Todo era una gigantesca realidad virtual.

Después de dos o tres disparates, la entrevista concluyó con una pregunta más o menos así. “¿Qué es lo que haces para ayudar a los menores que han sufrido abuso?”.

Para la lógica no tenía tiempo ni lugar. Situar mi experiencia vital era procurar un imposible. Las evasivas no son mi especialidad, así que dirigí mi artillería a la médula, directamente.

La disertación vino a ser: “Lo que hay que hacer es decir, en el día a día… aunque sea sin palabras, tú cuentas con las herramientas para construir tu dignidad. Tú puedes levantar toda una vida. Y si te hace falta en algún momento, aquí estoy yo”.

Al margen de la vena dramática que es lo que despertó los aplausos, cada vez estoy más convencido que en aquella improvisación acerté. Sí, suscribo aquellas palabras.

Mi puntería no fue debida a que me estuviera dirigiendo a toda España. En realidad lo que estaba haciendo era hablar al oído a un Enrique con doce o trece años y que habita todavía en mi condición de adulto.

Decía lo que nadie me dijo. Una voz fuera del tiempo y que sigue aplastada por hipocresías, incomprensiones e intolerancias y silencios.”

Enrique Pérez Guerra.

Una exposición para despertar

Lunes, 20 de Diciembre de 2010 por monstresdecameva

Ya está colgada en la web la exposición de dibujos realizados por niños maltratados, que tuvo lugar a finales de octubre en Palma. La exposición muestra imágenes mucho más duras de las que cualquier adulto podría imaginar. Muchas veces no son imágenes fáciles de entender, y por eso vienen acompañadas de una explicación de la circunstancia personal del niño y del dibujo que ha realizado. Y aunque en las imágenes permaneza congelado el dolor del niño ante un episodio traumático de su vida, en muchos de los textos se pone de manifiesto cómo los menores han conseguido superar el trauma y llevar una vida normalizada, gracias a la ayuda externa y a su propia resiliencia.

Accede a la exposición a través del menú lateral de www.monstresdecameva.com, o pinchando aquí.

La historia real de una niña abusada

Viernes, 10 de Diciembre de 2010 por monstresdecameva

La última secuencia de animación del documental es una historia real: la de Ll., una niña (ya adulta) que sufrió abusos por parte de alguien muy cercano. Cuando empezamos el rodaje del documental, ella nos escribió este texto, para que a través de sus palabras pudiéramos elaborar la animación. Muchos de vosotros nos habéis comentado lo mucho que os impresiona esta secuencia. Seguro que os impresiona también el texto que Ll. nos escribió en su día. Es este:

A la niña de mis ojos, a la mujer de mi vida

Una niña rubia, con coletas cortas y raya al lado, está jugando con unos juguetes en el suelo. Hoy se ha puesto falda. De repente le falta el aire y siente una opresión en la boca del estómago y en la garganta, se encoge. Todo se vuelve oscuro, negro aterrador, pierde la noción del tiempo y del lugar. Ha entrado en el túnel. Hay alguien que la observa. Es él. No sabe qué hace él allí, cómo ha llegado, cuánto tiempo hace. ¿Cómo ha llegado a esta situación? Apenas ve su silueta en la negra espesura a unos pocos metros de ella. Brazos largos y anchos, gruesas manos, le llegan casi a las rodillas, piernas cortas, pantalones y zapatillas de esparto blancas. Ve una serpiente que sube la pared de enfrente, siente escalofríos y le invade la aprensión. Siente la invasión. No quiere mirarla. Oye junto a su oído derecho la lengua viperina de la serpiente, con voz melodiosa, suave, que le habla y la endulza con palabras que ella no entiende, y la petrifica. Esa voz la hiela, se mete en su cabeza, la aleja de allí, se aísla. Siente el miedo en todo su cuerpo (tiembla, tiene convulsiones), tanto miedo que no quiere estar allí. Se orina encima. Se siente morir. Quiere alejarse, irse muy lejos, no sentir, quiere desaparecer, quiere pegarse a la pared, de pie, que se la trague dentro de ella, o tirarse al suelo y meterse bajo las baldosas. O quizás esconderse bajo los almohadones del sofá. Pero no está el sofá, no están los juguetes, no hay nada, sólo ella, y las paredes vacías llenas de moho, se huele ese ambiente enrarecido. Quiere suplicar, no puede, se siente paralizada. No hay salida. Se ahoga, siente una presión fuerte sobre la garganta, que la está asfixiando para que no grite, para que no diga nada, lleva unas tiritas en cruz sobre la boca para que nadie pueda oírla. Sólo hay el silencio, ese silencio que la acompaña día tras día, que la hace cómplice de él. Sola está ella, y su tristeza, no hay nadie que la pueda sacar de allí. ¡Impotencia! Y siente la vergüenza, baja los ojos llenos de lágrimas, que bañan sus mofletes, y la culpa cae sobre ella como un peso muerto, insoportable, la culpa del que calla y otorga.

Siente un No dentro de ella, pero tiene tanto miedo, no se atreve. Pero se ahoga, la aprieta demasiado la garganta, no puede respirar, él aún sigue allí, a unos metros de ella, no se ha acercado aún. Tiene que hacerlo ahora, con fuerza. Se aguanta la garganta, no puede aguantar más la opresión, se quita la cinta de la boca y con los ojos cerrados, con todo su ímpetu y con la mandíbula desencajada y el cuerpo hacia delante, grita NOOOOOOO!!! No pasa nada, pero sabe que puede hacerlo otra vez y con más impulso todavía, abre los brazos y piernas y se planta firme sobre el suelo, puños cerrados y vuelve el grito, ahora! NOOOOOOOO!!! Todo su cuerpo hacia adelante propulsado por su boca es una diagonal, parece que se crece y por sus labios prominentes expulsa tanto aire que el pelo largo y bigotes de él se van hacia atrás impulsados por su furia. Puede hacerlo más, otra vez, mejor, y ahora! NOOOOOOO!!! La figura de enfrente empieza a tambalearse, inseguro, no sabe que hacer, mira para un lado y para otro, pero ella no le da tregua, se siente más grande, y otra vez más fuerte todavía, quizás sea su última oportunidad, grita ahora! NOOOOOOOOOOOO!!!! Ella abre los ojos llorosos y una pequeña sonrisa se dibuja en su boca y el asombro en sus ojos, al tiempo que ve como él retrocede miedoso y encogido sobre sus pasos hacia atrás, con la culpa dibujada en sus ojos y en su cara, su cuerpo convulsionado tambaleándose, jadeante, alejándose de ella, saliendo de la habitación, saliendo de su vida, liberándose ella del peso. El infierno se ha ido. Se ha acabado. Alegría y tristeza. Se siente más ligera, experimenta alegría, el espacio, la vida, y siente crecer, la niña se convierte en mujer. Sale el Sol en el horizonte, y sus rayos le dan una cálida bienvenida. Un arco iris aparece, que baña de color todo lo que le rodea, y de vida. Escucha música (una canción de los Smith) y se pone a bailar, y baila como nunca ha bailado, como cuando nadie te observa. Aparece un espejo grande, se mira de cuerpo entero, y cuanto más se mira, va observando como desaparecen de su reflejo los granos, las facciones duras y tristes, los ojos y labios caídos, las imperfecciones y deformidades de su cuerpo, y aparece delante de ella la imagen bonita de una mujer con toda su fuerza y valor. ¡Y se reconoce al fin!

A lo lejos por una ventana ve gente, alegre, le apetece ir, ya no le da miedo, siente confianza. Cierra de un portazo la puerta, la del pasado, la mujer no mira hacia atrás, sino que gira adelante, sonríe gozosa, y toma el camino que le lleva hacia adelante, hacia los rayos de Sol, hacia la luz, hacia la vida. ¡Para adelante, sigue y sigue! El asombro en sus ojos, del que lo vive o ve todo por primera vez. Camina fuerte, paso firme en cada avance, segura, siente la dicha del que está vivo, y en cada paso que da, se crece. A veces el camino es muy duro, con piedras, pendientes, y fuertes descensos. Pero ella sigue, aunque caiga en el desánimo y el agotamiento, hacia la luz. La gente la observa, contenta, con ganas de ir a su encuentro. Y ella también. Permite ella que se crucen sus caminos, permite el encuentro y lo celebra, y lo disfruta como nunca. Pero ella decide ahora, y pone los límites. Algunos no entienden. No importa. Ella sabe lo que realmente es importante. Ahora ella elige, ya sabe decir No. Por vez primera experimenta la fluidez y el sosiego en el encuentro. Todo es más fácil. ¡Y se asombra de la magia de la vida! La satisfacción la invade. Siente paz, sosiego, y felicidad. Sigue en el camino hacia la luz, la que le calienta el corazón sensible, la que le llena de amor y vida. Y grita saltando: ¡Lo conseguí!

Ll. P.

“Mejor Largometraje Documental” en el Festival Inquiet de Picassent (Valencia)

Lunes, 29 de Noviembre de 2010 por monstresdecameva

El Festival Inquiet de Picassent (Valencia) nos ha premiado como Mejor Largometraje Documental. El premio nos lo han concedido durante la divertidísima gala con la que concluía la sexta edición de este certamen de creación audiovisual en catalán. Ha sido un lujo disfrutar de un fin de semana con los compañeros cineastas y documentalistas. El hecho de compartir nuestras experiencias siempre nos hace aprender nuevas formas de mirar y de cuestionarnos la realidad que nos rodea. Y agradecemos especialmente el calor y el cariño con el que nos ha tratado la organización del festival en todo momento. Son personas que tienen un mérito admirable al luchar contra vientos y mareas para lograr que el Inquiet se celebre cada año. La valentía les define, esa valentía que tanto valoramos en las personas que trabajáis por la infancia a diario y en las víctimas que con tanta generosidad relatáis vuestras experiencias. El Festival Inquiet de Picassent  ha premiado y agradecido nuestro esfuerzo compartido. Nosotros agradecemos su infatigable entusiasmo y el galardón que nos han otorgado.

Foro de abusados por la Iglesia

Viernes, 19 de Noviembre de 2010 por monstresdecameva

Este es el enlace de una plataforma creada para acoger los testimonios de personas que han sufrido abuso sexual por parte de miembros de la Iglesia, y para generar un espacio de diálogo en el que todos puedan dar su opinión y apoyarse. Se trata de una iniciativa de Enrique Pérez Guerra, una de las personas que participaron en el documental, y de la Asociación RANA (Red de Ayuda a Niños Abusados). Os invitamos a participar. Sobre todo para que deje de decirse que en España no ha habido casos de abusos por parte de miembros de la Iglesia. Estos casos tienen que salir a la luz para acabar con la impunidad, para apoyar a las víctimas y para impedir que sigan repitiéndose.

Entra en el foro pinchando aquí. Se garantiza el anonimato de los participantes. Por favor, difundid el foro entre vuestros amigos y conocidos preocupados por la protección de la infancia, y entre todos aquellos que creéis que puedan haber sido víctimas de abusos. Quizá les ayude encontrar más gente con la que compartir su experiencia de dolor  y superación.

Convocatoria para los que vivís en Palma. Este sábado 20 de noviembre, día de la Infancia, RANA organiza una marcha por las calles de Palma para reivindicar el derecho del niño a ser protegido por los adultos, de manera responsable, durante su infancia y juventud. El recorrido comenzará a las 11 en La Rambla, y acabará a las 12 en el Parc de la Mar.

Gracias a Enrique y a RANA por crear el foro… y a Elías, el hijo de Enrique, que es quien está detrás de todo el trabajo informático.

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