En defensa de las víctimas de Can Picafort

Lunes, 25 de Abril de 2011 por monstresdecameva

Texto de Enrique Pérez Guerra, al hilo del caso del presunto sacerdote pederasta de Can Picafort.

Tuve ocasión de hacerlo y lo hice.
Contribuí, en la medida de mis posibilidades, a sacar a la luz el caso del párroco abusador de Can Picafort.

El pasado viernes, 25-3-2011, la primera página de la prensa sorprendía con este titular: “El Obispado de Mallorca adoptó ayer una medida extraordinaria, Apartar de sus oficios pastorales y prohibir el ejercicio público de su ministerio” al rector de la parroquia de Can Picafort –que también ejerce como vicario de Pollença–, mosén Pere Barceló Rigo”.

En los días que han transcurrido desde entonces la polémica viene acompañando la noticia. Distintas voces se han alzando y no todas en auxilio de las víctimas. Las hay que indignadas rompen el silencio en pro del que ha sido párroco en el norte de Mallorca.

Ese mismo día, 25-3-2011, fui entrevistado para TeleMallorca. Una de las preguntas recuerdo que vino a ser: qué anhelo yo, como persona abusada que fui cuando era niño. Respondí que no persigo la venganza sino la verdad.

El lastre que pesa sobre la verdad es que no sólo pasa por la voz de quien conoce. También ha de estar presente en el oído del que ignora.

Difícil, más bien tortuoso, es romper el silencio. Bien lo sé. Cuando así se hace, personas, algunas que menos esperas, saltan al paso convertidas en cómplices de la iniquidad.

No se quiere oír y para escamotear la realidad se interpreta ésta en clave de depravación hacia la supuesta víctima.

Trabajo como educador social para la justicia de menores. Recuerdo dos casos, acaecidos en pueblos de esta isla, en los que esa respuesta de desprecio alcanzó el grado de linchamiento colectivo.

“Es que, claro… la niña era una calientapollas”. “Ya se sabía que en casa de ese chico hubo algo de drogas”. Frases así corrían por las calles, en uno y otro caso, so pretexto de eximir de toda culpa a los agresores sexuales.

Una, con sus padres, se tuvo que marchar del pueblo y los otros se cambian de acera antes de cruzarse con la familia del culpable. Esto, por supuesto, con el visto bueno de quienes se reconfortan al comprobar que el honor de sus buenas gentes no ha quedado mancillado.

Personalmente, el conocimiento directo de esos episodios me sirvió para tomar conciencia de que la hipocresía y la crueldad colectivas, de la mano una de otra, pueden superar las cotas de lo imaginable.

No conozco en persona a las mujeres que, siendo niñas, cayeron en las redes de Pere B.R. A pesar lo cual, como educador, como víctima sexual de un religioso y como voz que huye del silencio, proclamo que estoy a su lado.

No sé si la verdad nos hará libres, como rezan Las Escrituras. Sí sé que la verdad tiene muchos enemigos cerca de nosotros.

Enrique Pérez Guerra.
Palma de Mallorca, a 17 – Abril – 2011.